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PATRIMONIO HISTÓRICO
 

Talavera la Nueva, nuestra historia...

Por José María Gómez Gómez...

A lo largo del año 2006 y año próximo 2007 Talavera la Nueva, pequeña localidad situada en las inmediaciones de Talavera de la Reina (tres kilómetros aguas abajo del Tajo) conmemora el 50 Aniversario de su fundación, porque si bien la visita de Franco en 1956 se considera propiamente la inauguración de los pueblos nuevos de Colonización, no fue hasta junio de 1957 cuando se publicó en el Boletín Oficial del Estado la constitución de los mismos como Entidades Locales Menores. Hagamos, pues, historia del largo proceso recorrido.

Dado el primer paso para disponer el agua necesaria para el regadío, mediante la construcción del Embalse de Cazalegas y Canal Bajo del Alberche, inaugurado en 1950, se procedió a la adquisición y expropiación de tierras hasta completar las más de 10.000 hectáreas que se proyectó poner en regadío, parcelar y distribuir entre los colonos. Un tercer paso y definitivo serían las obras de acondicionamiento de caminos, arroyos, acequias, desagües, plantaciones, acometidas de agua corriente y energía eléctrica y, en fin, la construcción de viviendas y dependencias agrícolas y ganaderas para los colonos, comercios, artesanos, edificios oficiales (ayuntamientos, escuelas, iglesias...), todo lo cual se realizó en sus aspectos fundamentales entre los años 1951-1957. En junio de 1957 el Boletín Oficial del Estado publicaba que el pueblo de Talavera la Nueva quedaba constituido en Entidad Local Menor.

Al acabar la Guerra Civil la situación general de España no podía ser más lamentable: luto y hambre. A los desastres de la trágica guerra española se añadió la situación general de guerra en el mundo y la llamada "pertinaz sequía", años de gran escasez de lluvia, circunstancia que contribuyó a agravar la situación. Y ello era especialmente alarmante dado que la economía española era, por entonces, fundamentalmente agrícola y ganadera.

Esto lo entendieron desde el primer momento los gobiernos de aquellos años, que constituyeron el comienzo de la etapa de nuestra historia del siglo XX llamada "La España de Franco". Y así, en octubre de 1939, Año de la Victoria (terminología de la época), se creaba el Instituto Nacional de Colonización (Decreto de 18 de octubre de 1939 - B.O.E. 27 de octubre de 1939). En el Art. 1º se definía su finalidad: "para realizar los amplios planes de colonización que han de llevarse a cabo de acuerdo con las normas programáticas del Movimiento".

Estas normas programáticas, en materia de Agricultura, pueden resumirse en tres puntos: política hidráulica, ideología social católica y defensa de la propiedad y redistribución de la tierra. Política hidráulica: el mayor problema del campo español es la sequía, luego hay que almacenar agua. Esta obsesión vine desde el Regeneracionismo de Joaquín Costa (siglo XIX) y la Generación del 98, pero es ahora, a mediados del siglo XX, cuando se va a llevar adelante la construcción sistemática de embalses y pantanos, etc... Ideología social católica: se predica y pone en práctica el concepto de justicia social de la doctrina de la Iglesia Católica y su sensibilización para con los más pobres. Es conocido cómo los curas de la época claman por una decidida acción en pro de los pobres, que en muchos pueblos no tienen ni para comer. Defensa de la propiedad privada y redistribución de la tierra: se hace mucha propaganda del lema "tierra, y buena, para los que la trabajan".

Estas fueron las ideas básicas que guiaron en 1939 la creación del Instituto Nacional de Colonización (INC), que subsistió como tal hasta 1971 en que se fusionó con el Servicio de Concentración Parcelaria cuando surgió el I.R.Y.D.A. ¿Qué valoración global cabe hacerse de su actividad? En mi opinión y por lo que conozco del tema, en la agricultura de nuestra comarca y de otras muchas de España la obra del Instituto Nacional de Colonización constituyó, con sus defectos e insuficiencias, la acción más importante y beneficiosa que se ha llevado a cabo posiblemente en toda la historia.

El primer paso que dio el INC, en nuestra comarca de Talavera, fue poner en práctica los principios de la política hidráulica del franquismo: una vez construido el Embalse de Cazalegas, crear la Zona Regable del Canal Bajo del Alberche, que fue declarada de interés nacional por decreto de 9 de agosto de 1946. Su Plan General de Colonización se aprobó en diciembre de 1949. Se estableció una extensión de 10.532 hectáreas, pertenecientes a los municipios de San Román de los Montes, Pepino, Gamonal, Talavera de la Reina y Calera y Chozas. La Zona se dividió en diez Sectores con autonomía hidráulica.

El segundo paso fue la Adquisición y expropiación de tierras. Ello se llevó a cabo mediante tres cauces: compra por ofrecimiento voluntario, expropiación por haberse declarado la finca de "interés social" y expropiación por encontrarse la finca en Zona de Alto Interés Nacional. En nuestra comarca se expropiaron 2.112 hectáreas, lo que supuso un desembolso de 25.771.793 pesetas de las de entonces. Conocemos los nombres de los propietarios afectados y la cantidad de hectáreas que tuvo que aportar cada uno. En la jurisdicción de Talavera se expropiaron 959 hectáreas. En la jurisdicción de Gamonal fueron 226 las hectáreas expropiadas.

El tercer paso consistió en las obras y realizaciones que, en las más de diez mil hectáreas de la Zona Regable del Alberche, realizó el Instituto Nacional de Colonización. Para planificarlas y llevarlas a cabo se elaboró el llamado Plan Coordinado (Orden del 7 de septiembre de 1951): unas obras corresponderían al Ministerio de Obras Públicas y otras al Ministerio de Agricultura.

Todas estas obras permitieron regar unas diez mil hectáreas de terreno en la Zona Regable del Alberche y crear dos pueblos nuevos con un total de cerca de seiscientos colonos (unos 2.500 habitantes, inicialmente). La Declaración de "puesta en riego" se realizó el 21 de marzo de 1958 (BOE de 5 de abril). El coste final de todas estas obras alcanzó la cifra nada despreciable de 4.025.016.301 pesetas (en valor del año 1995), del total de más de ocho mil millones que supuso la inversión total en la provincia de Toledo.

Y es que no debemos olvidar que Alberche del Caudillo y Talavera la Nueva son sólo dos (cierto que los más importantes y de más envergadura) de entre los siete pueblos nuevos creados en la Provincia de Toledo. Los otros cinco fueron Las Vegas de Pueblanueva, San Antonio, El Bercial, Bernuy y Rinconada.

Todo este bagaje de datos nos obliga a hacer una reflexión final: el INC llevó a cabo en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo una propuesta de modernización de la agricultura española como no había tenido parangón en la historia. Ciertamente hay que reconocer que su intervención no pudo llegar a todo el conjunto de los labradores españoles, muchos de los cuales continuaron sus labores penosamente durante algunos años en pueblos de secano. Pero también para ellos, finalmente, llegó la modernización con la mecanización de los medios de producción, lo que provocó el fenómeno conocido del "éxodo rural". Éste se debió, en primer lugar, a las malas condiciones del terreno en muchos pueblos, que como consecuencia no podían mecanizarse. En las buenas tierras, la mecanización y modernización provocó que hubiera un exceso de mano de obra que se vio obligada a abandonar el campo: las máquinas empezaron a producir más y mejor... Así, a lo largo de los años cincuenta y sesenta, se llevó a cabo en la agricultura española el paso de los métodos y medios antiguos y medievales a la modernización de las máquinas de la edad contemporánea. Jamás, en toda nuestra historia, se había producido un cambio y un mejoramiento semejante. Sin embargo, no fue un camino de rosas el nacimiento de los pueblos nuevos de colonización, entre ellos Talavera la Nueva. Históricamente, el primer paso, una vez apropiadas las tierras por el Instituto Nacional de Colonización, fue la parcelación de las mismas y su distribución entre los colonos. Al mismo tiempo se procedía a la construcción de las viviendas. Y como los colonos empezaron a cultivar las parcelas y huertos, y las viviendas no estaban terminadas, por espacio de un año aproximadamente se vieron obligados a vivir en los tristemente célebres BARRACONES. Verdaderamente no fue un camino de rosas el nacimiento de los pueblos nuevos de colonización.

Las necesidades de los colonos era tan urgentes y los deseos de cultivar las nuevas y feraces tierras de regadío eran tan grandes que no pudieron esperar a tener dignamente construida la vivienda familiar y se asentaron en los provisionales barracones, donde las condiciones higiénicas y salubridad dejaban mucho que desear, pues en ellos se amontonaban las familias y los animales...

La Parcelación de las tierras se hizo, según proyecto del Instituto Nacional de Colonización, para "establecer el mayor número posible de patrimonios familiares de independencia económica" y así consumar el proceso de "resolver los problemas sociales planteados en el campo". De acuerdo con estos principios se establecieron tres tipos de divisiones de tierras: parcela, lote y huerto. La parcela es la superficie de terreno de unas 4 hectáreas, cerrada para constituir una sola explotación agraria. El lote estaba formado por una parcela normalmente, pero cuando la tierra era de baja calidad podía tener más superficie que una parcela. El huerto es una extensión de tierra de aproximadamente media hectárea y se concedió principalmente a obreros y artesanos en concepto de explotación complementaria de la economía familiar. De acuerdo con este tipo de divisiones el Instituto de Colonización creó en la provincia de Toledo 481 lotes de secano, 719 de regadío, 68 mixtos y 332 huertos. A Alberche del Caudillo le correspondieron 296 lotes de regadío y 69 huertos y a Talavera la Nueva 138 lotes de regadío y 27 huertos.

La Ley de 15 de julio de 1952 regulaba todo lo referente a los Patrimonios Familiares creados por el Instituto Nacional de Colonización. De esta suerte, el Patrimonio Familiar de un colono lo constituían el lote o parcela de tierra, la casa de labor, instrumentos de trabajo, ganado, granja... y todo ello quedaba asignado legalmente a una sola persona física en calidad de "único titular". Éste único propietario debía cultivar personal y directamente la tierra asignada (quedaba terminantemente prohibido cederla en arriendo a otro trabajador), dado que dicha tierra formaba una unidad jurídicamente indivisible e inembargable (no podía ser objeto de hipotecas ni obligaciones).

Otra circunstancia a tener en cuenta es que no todos los colonos se asentaron en el mismo tiempo, ni en el mismo año. Los primeros lo hicieron en el otoño de 1953, en los mencionados barracones y con carácter transitorio, es decir, familiarmente aún vivían en sus respectivos pueblos, pero se trasladaban por temporadas a los barracones para sembrar. Algunas familias se incorporaron a comienzos de 1954, pero la inmensa mayoría lo hicieron en 1955 y algunos todavía en 1956. Por entonces los pueblos estaban ya prácticamente construidos, pero mostraban aún muchas deficiencias que fueron subsanándose poco a poco en los años sucesivos.

Cuando se pusieron en marcha las explotaciones de regadío y se asentaron los colonos, el Instituto Nacional de Colonización pudo constatar que, salvo escasas excepciones, la mayoría padecían una gran incultura y tenían muy insuficiente preparación técnica para la práctica de la agricultura moderna. El atraso general de la agricultura en España se había agravado con los años de guerra y sus secuelas. Todo ello obligó a Colonización a desarrollar un amplio programa de formación cultural agrícola y ganadera para poner al día a los colonos: se habilitaron escuelas primarias de capacitación y orientación agrícola, granjas-escuelas y los mismos peritos del Instituto procuraban formar y orientar en los cultivos.

Junto con esta formación técnica, el Instituto procuraba que no faltase a los colonos la correspondiente asistencia y formación religiosa y sanitaria, así como una vigilancia constante sobre las labores de la parcela y el cuidado de los animales de labor y ganados.

Al mismo tiempo que se construían las viviendas de los colonos, el Instituto Nacional de Colonización hacía lo propio con las escuelas, casas de maestros... y, por supuesto, la Iglesia, el Camposanto, el Salón Parroquial (o Local de Acción Católica) y la Casa Rectoral (o Casa del Cura). El Instituto procuró en todo momento la mayor dignificación de las iglesias, a las que concedió amplia superficie y edificios dignos dentro de la sobriedad, les dotó de imágenes y mantuvo a los sacerdotes nombrados por la jerarquía. En un principio las iglesias de Alberche del Caudillo y Talavera la Nueva funcionaron como capellanías: la de Alberche, capellanía de la Parroquia de Gamonal, y la de Talavera la Nueva, capellanía de la Parroquia de Santa María la Mayor (Colegial) de Talavera.

En 1962 el cardenal arzobispo de Toledo don Enrique Pla i Deniel creó la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Alberche del Caudillo y su Filial Talavera la Nueva.

Dos días después de publicarse este Decreto se hacía nombramiento del Cura Ecónomo encargado de la Parroquia recién fundada en el sacerdote don José Eugenio García Ochoa de Arce. Más tarde era nombrado además como coadjutor el sacerdote don José María de Pablos Martín.

En 1966 el Ecónomo don José Eugenio era destinado a la parroquia de Los Yébenes. En su puesto, era nombrado Cura Ecónomo de la Parroquia de Alberche y su Filial Talavera la Nueva don Juan Sánchez-Mayoral Pérez-Cejuela, el cual tomó posesión de la misma el 25 de septiembre del año 1966. Don Juan ha cumplido ya los cuarenta años de servicio a la parroquia. Y por su ministerio bien cumplido, a satisfacción de los dos pueblos, ha merecido el honor que se le ha tributado: el nombramiento de Hijo Adoptivo de Alberche del Caudillo y Talavera la Nueva. El nombramiento se sustanció en el homenaje que ambos pueblos le tributaron en la celebración de sus Bodas de Oro Sacerdotales.

Por fin llegó el día de la Inauguración Oficial de los Pueblos Nuevos. En verdad que aquel día 5 de octubre de 1956 resultó una jornada inolvidable y triunfal. Franco entró en Alberche del Caudillo por la Calle del Río. Anteriormente había visitado de paso Talavera la Nueva y desde allí la comitiva discurrió por los caminos de servicio de la vega del Tajo, construidos por Colonización. A lo largo de todo este recorrido el Ministro de Agricultura y el Director General del Instituto de Colonización fueron dando al Jefe del Estado todo tipo de explicaciones sobre las obras realizadas que iban contemplando: acequias, parcelas, caminos, viviendas.

En la Plaza Mayor de Alberche del Caudillo aguardaba un inmenso gentío. Allí, en la Tribuna dispuesta, se desarrolló el acto que tuvo fundamentalmente dos partes: la entrega de títulos de propiedad a los colonos y el discurso de Franco.

La entrega de títulos de propiedad fue, en realidad, el motivo oficial de la visita que, posteriormente, fue interpretada como la inauguración de los pueblos de Colonización. En lugar de entregar uno a uno los respectivos títulos a los más de cuatrocientos colonos, se optó por hacer una entrega simbólica. Sólo dos colonos recibieron el título de manos de Franco: Pedro Mateos García, Presidente de la Junta de Colonos, lo recibió en representación de los 269 colonos de Alberche del Caudillo y Esteban Esteban (conocido como el "tío Nene") lo hizo en representación de los de Talavera la Nueva. La elección de Esteban Esteban se debió a la relación personal que años atrás, en la Guerra de Marruecos, había tenido con Franco, de quien había sido asistente durante su servicio militar. En esta situación, y habiendo sido Franco herido de cierta gravedad en un combate, el "tío Nene" prácticamente le salvó la vida cargándoselo al hombro, sacándole de la zona de peligro y llevándole a los servicios sanitarios que, urgentemente en ambulancia, trasladaron a Franco al Hospital Militar de Melilla. Cuenta José Cardona en su libro que Franco preguntó a Esteban si necesitaba algo de él, que se lo pidiese que haría todo lo posible por concedérselo. Esteban le dio las gracias por el ofrecimiento y no pidió nada. Se limitó a decir emocionado: "¿Se acuerda, mi Capitán, cuando me lo llevaba al dedo?" A lo que Franco, visiblemente emocionado, asintió con una sonrisa.

La otra parte importante del acto fue el Discurso del Jefe del Estado, que fue considerado en su día como las palabras de inauguración de los nuevos pueblos de Alberche del Caudillo y Talavera la Nueva. Sin embargo, su constitución legal como tal no tendría lugar hasta unos meses más tarde, ya en 1957. En dicho año ambos pueblos quedaron constituidos en Entidad Local Menor por sendos Decretos del Ministerio de la Gobernación, de fecha 5 de abril (Alberche del Caudillo) y de 26 de abril (Talavera la Nueva). Felipe Rodríguez, colono natural del vecino pueblo de Parrillas, fue el primer alcalde de Talavera la Nueva.

Hoy, cincuenta años después de aquellos acontecimiento fundacionales, Talavera la Nueva es un joven y floreciente pueblo, perfectamente consolidado, que ha embellecido sus calles y sus casas, ha construido infatigablemente más y más viviendas, y se ha dotado de servicios nuevos y modernos (ampliación y modernización del Ayuntamiento), recreativos (campo de fútbol, piscina...), así como de espacios culturales (casa de la cultura, centro cívico y social "Nuevos Colonos"...).

En este entorno local destacamos La Iglesia Parroquial embellecida con espléndidos paneles de cerámica que ilustran la vida y leyendas del titular y patrono San Francisco de Asís. De espectacular debemos calificar el trabajo de ornamentación de sus paredes laterales, púlpitos, coro, presbiterio y retablo mayor de la Iglesia Parroquial de Talavera la Nueva, obra realizada fundamentalmente desde septiembre del año 2000 a diciembre del año 2003 e inaugurada el día de Reyes de 2004 por el arzobispo de Toledo Antonio Cañizares.

Cinco grandes grupos de paneles cabe distinguir, para nuestro estudio y reflexión, dentro del conjunto de la Iglesia Parroquial de Talavera la Nueva, de acuerdo con el proyecto ideado por el párroco D. Juan Sánchez Mayoral, secundado y apoyado por el alcalde José Manuel Salinero, y ejecutado por el ceramista Luis Glez. Santamaría.

Las paredes interiores de las naves constituyen el primer grupo, y más amplio, de paneles. Se trata de ocho irreprochables escenas de la Vida de San Francisco de Asís, patrono del pueblo, basadas en la áurea leyenda que sobre su vida y milagros utilizó el pintor italiano Giotto para realizar los magníficos frescos de la Basílica de Asís.

El frontal del coro fue en su día el segundo grupo. Constituye todo él un gran panel con las efigies de San Francisco y la evocación del Hermanamiento realizado entre la Iglesia Parroquial de Talavera la Nueva y la Basílica de Asís que contiene los irrepetibles frescos de la Vida de San Francisco. Hermoso gesto en que colaboró con entusiasmo el alcalde y vecinos del pueblo, que acompañaron al párroco en su viaje a Asís.

Los púlpitos constituyeron la tercera etapa de la ornamentación. En ellos, siempre bajo la inspiración de D. Juan Sánchez Mayoral, se expuso la necesaria catequesis. El de la Epístola evoca el Antiguo Testamento, concretamente, el episodio central de Las Tablas de Moisés. Abajo, acampa el pueblo de Israel. El otro púlpito, el del Evangelio, evoca el Nuevo Testamento: Cristo, rodeado de sus discípulos, expone la doctrina del Amor: las Bienaventuranzas. Los dos púlpitos son expresión de la perfección del arte del ceramista Glez. Santamaría: figuras de gran expresividad, escenas enmarcadas por arbustos de copas estratificadas en el más puro y tradicional estilo talaverano, y todo ello en los colores tradicionales con predominio de un ocre-oro encantador.

El presbiterio, con los siete grandes paneles de sus zócalos, constituyen el cuarto grupo. Enmarcados por una misma greca de hojas de acanto, muy del gusto del autor ceramista, estos paneles quieren ser expresión de la vida eucarística En efecto, estos zócalos del siglo XVII revelan el arte de pintores inspirados directamente en el estilo del Greco, el maestro de los rostros, los mantos y las manos. Glez. Santamaría añade además una nueva concepción del color.

El quinto grupo de azulejos es el que conforma la ornamentación del Retablo. Este viene a ser un conjunto de pinturas y armazón, escasamente artística, de madera que enmarca una estupenda imagen de la Virgen María en su Asunción a los Cielos, titular de la parroquia, buen ejemplar de la imaginería de los siglos XVII y XVIII. En los laterales de este retablo se han dispuesto ahora sendos paneles verticales de cerámica con una ornamentación muy del "renacimiento-Talavera": Para rematar en lo alto retablo, se ha dispuesto un espectacular, y a la vez entrañable y emotivo, Luneto, que sirve de ático. Su decoración se dispone en su espacio semicircular y consiste en un rompimiento de gloria con profusión de nubes (ocres y azules) con ángeles y bienaventurados en armónica disposición, que sirven de marco al Cristo de San Damián: reproducción del que inspiró a San Francisco en la ruinosa ermita de Asís.. Cristo de admirable factura gótica, que se reproduce con la perfección de la lámina de un códice medieval.

 
 
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